
Hacer un retrato y que el dibujo se parezca a la persona retratada es de lo más complicado que conozco. El dibujo puede quedar bien y si nadie conociera a la persona que aparece no habría inconvenientes. Sin embargo lo bonito de hacer un retrato es que esa imagen constituya un reflejo de la persona. Si algún día te dispones a hacer un retrato de un familiar y una vez terminado al enseñárselo a tu familia no consiguen reconocer al sujeto, malo. Para conseguir un retrato con un parecido casi idéntico es muy importante estudiar la fisonomía de la cara, clavar las proporciones y encontrar esa esencia que hace a la persona ser quién es. Una vez logrados esos puntos principales la práctica hará que puedas hacerlos cada vez en menos tiempo e incluso puedas atreverte a dibujarlos al natural con alguien posando como una estatua durante una hora.
Estos son los dos retratos que me gustaria mostraros en mi primer post de dibujo y pintura. El primero que he hecho es una joven afgana, copiada de una foto de una revista. El segundo dibujo intenta ser mi primito cuando tenía 2 años de edad:


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